El Gran Teatro Nacional cumple 5 años: conversamos con Mauricio Salas, su director

Hace más de medio año, Mauricio Salas dejó la dirección de los elencos nacionales para asumir un nuevo reto: la dirección del Gran Teatro Nacional.

Nos recibe de terno y sonrisa impecable, resuelve diversos asuntos, atiende el llamado inesperado del ministro, brinda esta entrevista, posa para las fotos una y otra vez. Es, lo que se diría, un hombre ocupado. Y todo luego de sobrevivir a una laboriosa noche a cargo del más reciente miembro de su prole que decidió despertarlo cada media hora. Ojeras de por medio.

El lanzamiento del área de públicos, porque nos pone en un espacio de reflexión distinto, y de la creación de esa área se desprenden una serie de proyectos concretos que nos emocionan mucho. Por ejemplo, para el público adulto mayor tenemos un proyecto que vamos a trabajar con el coro nacional, que queremos que sea la cabeza de una red de coros de adultos mayores que encuentren en el teatro un espacio de permanente visita, que compartamos con ellos un repertorio y al final del año tengamos un concierto en el que tengamos a todas las personas que hayan estado capacitándose como público, pero que cante, y entonces el espectáculo no va a estar en el escenario, sino en todo el teatro. Por otro lado, hay una comunidad alrededor del teatro que tiene que ver con los funcionarios del Ministerio de Cultura, de la Biblioteca Nacional, del Banco de la Nación, del Ministerio de Educación, y que deberían ser los primeros en tener una práctica de consumo cultural importante, y no es así. Por eso hemos creado también un programa de fidelización que se llama Club Estrella para el Ministerio de Cultura, y que queremos ir ampliándolo hacia otras entidades del Estado, un programa de fidelización como tienen los cines, con stickers por cada espectáculo que consumas. Esa es la comunidad inmediata, y también tenemos una comunidad más amplia en las urbanizaciones que están alrededor del teatro, barrios a los que de pronto les construyeron un teatro en el medio, un ministerio y un centro de convenciones, y todo su entorno cambió y nadie les dijo por favor ni gracias.

Fuente: El Comercio

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